Reforma de un apartamento de 50 m² que conecta cocina, salón y terraza

Abrir una cocina puede cambiar la manera de vivir una casa pequeña. En este apartamento de 50 m² junto al Pantano de San Juan, la reforma conecta cocina, comedor y salón, mientras el azul turquesa recorre las estancias y acerca al interior los colores del paisaje.

Salón, comedor y cocina abierta en tonos turquesa con acceso a la terraza

El resultado conserva dos dormitorios y convierte la terraza en una prolongación del espacio de estar.

La vivienda se encuentra en San Martín de Valdeiglesias, Madrid, y mantenía prácticamente la distribución y los acabados de los años ochenta.

El estudio de interiorismo Alberto Torres ha actualizado ese punto de partida con una intervención que combina cambios en la zona de día, mobiliario compacto y papeles pintados.

La distribución abierta y la continuidad del color permiten reunir distintos usos sin recargar los 50 m².

Índice
  1. Una cocina abierta que conecta toda la zona de día
  2. Un comedor con banco entre la cocina y el salón
  3. El salón se organiza con curvas y un fondo botánico
  4. Una terraza con comedor, sofá y más intimidad
  5. Dos dormitorios con papeles pintados diferentes
  6. El baño conserva el mosaico y la luz natural

Una cocina abierta que conecta toda la zona de día

La antigua cocina estaba separada del resto de la casa mediante un arco. Eliminar esa división permite que ahora forme parte de un ambiente compartido con el comedor y el salón.

Desde la mesa se reconoce el frente de trabajo y, al fondo de la zona de estar, la salida a la terraza mantiene presente el exterior.

Cocina verde agua junto a un comedor con banco de madera y dos sillas

Esta reforma muestra cómo integrar la cocina al salón permite conectar las actividades cotidianas en una misma zona de día.

La cocina conserva una escala ajustada al apartamento. Los frentes en verde agua, la encimera blanca y los tiradores negros dibujan una composición sencilla, fácil de integrar en el conjunto.

El blanco de los revestimientos y de los muebles altos aligera la parte superior, mientras el color se concentra principalmente abajo y en la columna lateral.

Cocina pequeña con muebles turquesa, encimera blanca y ventana al fondo

La organización de los electrodomésticos resulta especialmente útil para entender el aprovechamiento del espacio.

La nevera se sitúa en un mueble independiente que libera el frente principal de la cocina. La lavadora y el lavavajillas quedan ocultos tras puertas que continúan el acabado del mobiliario; el microondas ocupa un lugar sobre la encimera.

La continuidad de los frentes reduce el ruido visual de una cocina que permanece a la vista desde el resto de la estancia.

Puertas abiertas de la cocina que muestran la lavadora y el lavavajillas integrados

Un comedor con banco entre la cocina y el salón

La mesa rectangular se sitúa junto a la pared turquesa, acompañada por un banco corrido de madera y dos sillas en el lado contrario.

Esta combinación evita llenar ambos lados de la mesa con respaldos y deja una presencia más despejada hacia el salón. El banco aporta también una línea horizontal que ordena el rincón.

Mesa rectangular con banco de madera, dos sillas y cojines mostaza junto a la cocina

Los cojines mostaza, los asientos marrones y la madera introducen tonos cálidos frente al azul verdoso. Dos láminas sobre la mesa delimitan el comedor sin necesidad de separarlo físicamente.

La repetición del pavimento de aspecto madera en la zona de día ayuda a que cocina, mesa y estar se lean como partes de una misma habitación.

El salón se organiza con curvas y un fondo botánico

En la zona de estar, una alfombra redonda reúne el sofá, las mesas nido y los pufs. Su contorno permite reconocer el área de descanso dentro de la planta abierta.

Las mesas negras, de patas finas y alturas distintas, aportan contraste sin formar un bloque pesado en el centro.

Sofá topo con cojines mostaza, papel pintado botánico y mesas negras sobre alfombra redonda

El sofá en tono topo deja el protagonismo a la pared de papel pintado, donde un dibujo vegetal de hojas redondeadas introduce una trama suave.

Los textiles mostaza y las plantas junto al asiento enlazan con los tonos del comedor. Al concentrar el estampado en una pared, el resto de las superficies puede mantenerse más tranquilo.

Detalle del sofá con manta mostaza y papel de hojas junto a una planta de gran formato

Enfrente, la chimenea eléctrica y el televisor comparten un mismo eje. El frente oscuro destaca sobre el turquesa y da un punto de referencia al salón. Los visillos blancos acompañan la salida a la terraza y filtran la luz sin cerrar visualmente ese paso.

El conjunto alterna superficies lisas, dibujo y texturas, con una base neutra que evita que el color lo ocupe todo.

Una terraza con comedor, sofá y más intimidad

La terraza reúne una mesa redonda con sillas y un pequeño sofá, de modo que puede utilizarse tanto para comer como para sentarse a descansar.

La lámpara colgante de fibra vegetal y la alfombra refuerzan esa lectura de estancia exterior. Desde el salón, el mobiliario y la vegetación prolongan el recorrido de la mirada.

Terraza con mesa redonda, sillas, sofá beige y lámpara colgante de fibra

Uno de los retos de la reforma era conseguir privacidad en la terraza, expuesta a las vistas desde la escalera exterior del edificio.

La respuesta combina fibra natural sobre la barandilla y vegetación artificial en los laterales, que alcanza el techo. Así se protege el perímetro sin cerrar por completo el frente hacia el paisaje.

Sofá beige de terraza junto a una pared de vegetación artificial y barandilla revestida de fibra

Es una solución que también cambia el fondo del rincón de descanso: el sofá beige queda acompañado por una superficie verde, cojines claros y una mesa auxiliar negra.

Más allá de esta envolvente de vegetación artificial, los árboles del entorno mantienen la conexión con el paisaje.

Dos dormitorios con papeles pintados diferentes

El dormitorio principal recupera el turquesa en la pared de la ventana, pero el cabecero se apoya sobre un papel botánico de tonos beige, tierra y marrón.

La cama tapizada y las mesitas de roble natural suavizan la composición. El azul más oscuro de la ropa de cama introduce profundidad sin repetir exactamente la intensidad de las paredes.

Dormitorio principal con cabecero beige, papel botánico y pared turquesa junto a la ventana

En la habitación de dos camas, el recurso cambia de registro. Un papel geométrico de trazos en zigzag ocupa la pared de los cabeceros y se combina con una superficie lisa turquesa.

La mesilla compartida entre ambas camas concentra el apoyo y la iluminación; la lámpara mostaza recupera uno de los acentos de la zona de día.

Dos camas individuales con papel geométrico, pared turquesa y lámpara mostaza entre ambas

Los textiles claros equilibran el dibujo de la pared. Aunque cada dormitorio tiene su propio estampado, la repetición de colores y la presencia de madera mantienen la relación con el resto del apartamento.

Esa continuidad permite variar el ambiente sin convertir cada habitación en una decoración aislada.

El baño conserva el mosaico y la luz natural

El baño mantiene el mosaico original en blanco y azul suave, un acabado que encaja en la nueva paleta. La ventana alta aporta luz natural y el espejo sin marco deja visible el revestimiento a su alrededor.

El lavabo de pedestal tiene una presencia estrecha, sin añadir un volumen de almacenaje bajo la pila.

Baño con mosaico claro, lavabo de pedestal, espejo sin marco y estor azul sobre la ventana

La reforma muestra cómo una vivienda pequeña puede ganar coherencia combinando una distribución más abierta con decisiones decorativas concretas.

La cocina participa de la vida del salón, la terraza añade otro lugar donde reunirse y los estampados distinguen las habitaciones.

El turquesa cose ese recorrido, acompañado por blancos, madera y textiles que le dan distintos matices.

Proyecto: Una casa azul en el pantano.
Interiorismo y decoración: Estudio de Interiorismo Alberto Torres.
Ubicación: San Martín de Valdeiglesias, Madrid.
Superficie: 50 m².
Estilismo: Beatriz Sánchez.
Fotografía: Amador Toril.

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