Cómo reformar una vivienda conservando lo que ya funciona
Transformar una vivienda no siempre implica vaciarla por completo. En este piso barcelonés de 200 m², Pia Capdevila Interiorismo partió de una base que ya funcionaba para incorporar las estancias que necesitaba la familia y actualizar su atmósfera sin borrar sus elementos con más personalidad.

La intervención añadió un aseo de cortesía, una zona de laundry y un dormitorio, además de reorganizar algunos accesos y revisar la decoración de las áreas principales. El proyecto demuestra cómo mejorar la distribución de una vivienda.
El resultado se apoya en una idea sencilla pero exigente: hacer que lo nuevo parezca parte natural de la casa.
Para conseguirlo, el estudio conservó el suelo de madera, la chimenea, la librería del salón y parte de la base material de inspiración japonesa que ya tenía la vivienda. En otro proyecto, Pia Capdevila muestra cómo integrar en el diseño los elementos que condicionan una reforma.
Sobre esos elementos se construyó una paleta serena, con carpinterías, panelados, texturas y tonos que acompañan el recorrido de una estancia a otra.
- Conservar lo que daba carácter a la casa
- El recibidor se convierte en el centro de la distribución
- Un salón renovado alrededor de la chimenea y la librería
- La cocina se integra con pequeños cambios bien elegidos
- Un dormitorio más y una suite con almacenaje integrado
- Una intervención parcial con resultado completo
Conservar lo que daba carácter a la casa
La decisión de no sustituir todo lo existente fue determinante. El suelo de madera se encontraba en buen estado, por lo que se optó por pulirlo y barnizarlo en un nuevo tono.
Así, una superficie que ya tenía presencia pudo seguir funcionando como base común de la vivienda, ahora más clara y coordinada con las nuevas carpinterías.

La misma lógica se aplicó en el salón. La chimenea y la librería no se trataron como restos de una etapa anterior, sino como piezas capaces de sostener la nueva composición.
La mezcla entre mobiliario de líneas suaves, textiles naturales y acabados claros permite que los elementos conservados se integren en una escena más actual sin perder su peso visual.
El recibidor se convierte en el centro de la distribución
La entrada original era muy amplia y ofrecía una oportunidad para ganar funciones sin estrechar el acceso.
A ambos lados se añadieron dos cápsulas: una para el aseo de cortesía y otra para la lavandería. La operación resuelve necesidades prácticas y, al mismo tiempo, ordena la llegada a la vivienda mediante una composición simétrica.
El recibidor incorpora también armarios y un banco, de manera que el almacenaje empieza desde la puerta.

El panelado de las paredes integra los nuevos volúmenes y se convierte en el hilo conductor más visible de la reforma.
Su ritmo acompaña la mirada hacia la zona de día y hacia la zona de noche, mientras la planta queda organizada con el acceso y el aseo en el centro, el salón-comedor y la cocina a un lado, y los dormitorios al otro.
En la nueva lavandería, una distribución en L separa la zona de lavado de la de planchado y permite concentrar trabajo y almacenaje.

El mobiliario diseñado a medida queda integrado en una estancia de uso intenso, con un pavimento vinílico que dialoga con el suelo de madera del resto de la casa.
Un salón renovado alrededor de la chimenea y la librería
En la zona de estar, la actualización se concentra en el mobiliario, las texturas y la posición de cada pieza.

El sofá de grandes dimensiones organiza el área de televisión y se prolonga por la parte trasera para crear un pequeño rincón orientado hacia la chimenea. De este modo, una misma estancia admite una zona más familiar y otra más recogida.

El comedor se separa del salón mediante un mueble tipo buffete diseñado a medida. No es una división cerrada: ordena, aporta almacenaje y marca el cambio de uso sin interrumpir las visuales.
La luz natural entra desde la terraza y se reparte entre los distintos ambientes, reforzando la sensación de continuidad.
La cocina se integra con pequeños cambios bien elegidos
La cocina no necesitaba una transformación total. El trabajo consistió en ajustar aquellos elementos que todavía la hacían parecer separada del resto de la vivienda.
En la zona de aguas se incorporó un papel pintado textil especial para cocinas, que introduce textura frente a la superficie más técnica del Solid Surface.
También se sustituyeron los taburetes por modelos tapizados y se cambió a roble el acabado de la parte volada de la barra.

Son intervenciones puntuales, pero suficientes para acercar la cocina a la paleta cálida del salón y el comedor.
El paso posterior hacia la nueva lavandería mejora, además, la relación funcional entre ambas estancias.
Un dormitorio más y una suite con almacenaje integrado
La reforma también responde a una necesidad concreta de la familia: uno de los dormitorios, de dimensiones generosas, se dividió en dos para incorporar una habitación adicional.
En la zona de noche se reubicaron algunos accesos y se trasladó el mismo lenguaje sereno y ordenado que recorre las áreas comunes.
La suite principal se organiza alrededor de una relación más fluida entre descanso y vestidor.

La cama se reubica junto al acceso al balcón y un cabecero con arrimadero lacado y palillería en tono topo marca la separación visual entre ambas zonas.
El vestidor ocupa tres paredes con armarios de suelo a techo, una solución que reúne mucha capacidad sin llenar la habitación de piezas independientes.

En el baño de la suite, el mueble suspendido aligera la percepción de la estancia y aporta almacenaje.
El lavabo redondo sobre encimera deja una superficie limpia, mientras los acabados en roble introducen una nota natural frente a los revestimientos oscuros.

Las habitaciones infantiles se plantearon de forma completamente nueva, con almacenaje adaptado, escritorios cómodos y una decoración capaz de acompañar el crecimiento de los niños.
Los papeles pintados y los textiles diferencian cada dormitorio sin romper la base tranquila y luminosa del conjunto.


Una intervención parcial con resultado completo
Esta reforma demuestra que actualizar una casa no consiste necesariamente en empezar de cero.
Cuando se identifican las piezas que merece la pena conservar y se conectan con nuevas necesidades, la intervención puede ganar estancias, almacenaje y confort sin perder continuidad.
Aquí, el panelado del recibidor, la madera renovada, la chimenea conservada y los cambios precisos en cocina y dormitorios construyen una misma lectura.
El resultado no borra la vivienda anterior: la completa con una decoración más serena, una distribución mejor ajustada a la vida familiar y una secuencia de espacios en la que cada decisión encuentra su lugar.
Proyecto: 493 Darder
Interiorismo y decoración: Pia Capdevila
Estilismo: Mar Gausachs
Ubicación: Barcelona
Superficie: 200 m²
Fotografía: Jordi Canosa

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