Qué tener en cuenta antes de reformar una vivienda

Reformar una vivienda no debería consistir únicamente en cambiar los revestimientos, estrenar cocina o elegir un suelo más actual.

Qué tener en cuenta antes de reformar una vivienda

Una buena reforma se nota, sobre todo, cuando empiezas a vivir de nuevo en la casa: hay más espacio para guardar, los recorridos resultan cómodos, entra mejor la luz y desaparecen algunos de esos pequeños problemas que llevaban años molestando.

Por eso merece la pena dedicar tiempo a pensar el proyecto antes de empezar a demoler tabiques. También es importante contar con profesionales que puedan valorar qué cambios son realmente viables.

Si la vivienda está en la Costa Brava, por ejemplo, entre las empresas de reformas en Lloret de Mar que puedes consultar se encuentra Grupo Hecho a Mano, que realiza reformas integrales y trabajos específicos en cocinas, baños y otras zonas de la vivienda.

Una vez elegido el equipo que llevará a cabo los trabajos, llega una parte especialmente interesante: decidir cómo quieres vivir tu casa durante los próximos años. Y aquí hay bastantes cuestiones que conviene plantearse.

Índice
  1. Antes de reformar, piensa en lo que te incomoda de tu casa
  2. No siempre necesitas cambiar toda la distribución
  3. La cocina debe diseñarse pensando en el día a día
  4. En el baño, menos elementos pero mejor resueltos
  5. Aprovecha la reforma para mejorar la iluminación natural
  6. El suelo puede dar continuidad a toda la vivienda
  7. Planifica el almacenaje antes de comprar muebles
  8. Hay decisiones poco visibles que conviene tomar durante la obra
  9. Reserva una parte del presupuesto para lo que no se ve
  10. Una casa reformada no tiene por qué parecer recién salida de un catálogo
  11. Una buena reforma debería hacerte la vida un poco más fácil

Antes de reformar, piensa en lo que te incomoda de tu casa

Es fácil empezar una reforma pensando en imágenes que hemos guardado en Pinterest o Instagram. Una cocina abierta con una gran isla, un baño revestido con porcelánico de gran formato, un salón completamente diáfano...

El problema aparece cuando intentamos trasladar esas ideas a una vivienda que tiene unas dimensiones, una orientación y unas necesidades diferentes.

Antes de decidir materiales o colores, haz una pequeña lista con las cosas que no funcionan bien en casa.

Quizá tienes un pasillo demasiado oscuro, una cocina en la que falta superficie de trabajo, un dormitorio con poco espacio de almacenaje o un salón donde cuesta encontrar una distribución cómoda.

Son cuestiones menos vistosas que elegir una lámpara o un color para las paredes, pero tienen mucha más importancia en el resultado final.

También merece la pena pensar en cómo puede cambiar tu vida dentro de unos años. Una casa cómoda debería admitir cierta evolución sin obligarte a realizar una nueva obra cada vez que cambien tus necesidades.

No siempre necesitas cambiar toda la distribución

Una de las primeras tentaciones cuando se reforma una vivienda antigua es eliminar tabiques para conseguir espacios más abiertos.

En algunos casos funciona de maravilla, pero no tiene por qué ser la solución adecuada para todas las casas.

Antes de unir cocina, comedor y salón, piensa en cómo utilizas esos espacios.

Una cocina abierta aporta sensación de amplitud y facilita la relación entre ambientes, pero también deja a la vista lo que ocurre mientras cocinas.

Los olores, el ruido de los electrodomésticos o una encimera desordenada pasan a formar parte del salón.

Existen soluciones intermedias que pueden resultar mucho más cómodas. Una puerta corredera acristalada, por ejemplo, permite comunicar visualmente dos estancias y conservar la posibilidad de separarlas cuando sea necesario.

También puedes ampliar un hueco existente o sustituir una puerta convencional por un cerramiento de cristal.

A veces unos centímetros y una mejor entrada de luz cambian más una vivienda que una demolición completa.

La cocina debe diseñarse pensando en el día a día

Hay cocinas preciosas que, después de unas semanas de uso, empiezan a mostrar sus defectos.

Un cajón que choca con otro, una isla demasiado grande para el espacio disponible o una zona de trabajo con poca iluminación pueden convertir una reforma aparentemente perfecta en algo incómodo.

La distribución debería partir de tus hábitos.

Si cocinas mucho, necesitarás una buena superficie de preparación y almacenaje accesible. Si apenas utilizas la cocina, quizá tenga más sentido reducir su tamaño y ganar metros para el comedor o el salón.

Diseño de cocina

También conviene evitar llenar todas las paredes con muebles simplemente porque hay espacio para hacerlo.

Alternar columnas de almacenaje con zonas más despejadas suele dar como resultado una cocina visualmente más ligera.

Y presta atención a los enchufes. Es uno de esos detalles que parecen secundarios durante la obra y que después se echan mucho de menos.

Cafetera, tostadora, pequeños electrodomésticos, cargadores y otros aparatos terminan ocupando la encimera, así que es mejor prever su ubicación desde el principio.

En el baño, menos elementos pero mejor resueltos

El baño es otra de las estancias donde unos pocos centímetros pueden cambiar considerablemente la sensación de espacio.

Cambiar una bañera que apenas se utiliza por un plato de ducha, instalar un mueble suspendido o sustituir una mampara con perfiles muy marcados por otra visualmente más ligera puede hacer que un baño pequeño parezca mucho más despejado.

Eso sí, aquí la estética no debería imponerse a la parte técnica.

Impermeabilización, pendientes, fontanería y ventilación deben estar correctamente resueltas antes de pensar en el color de los azulejos.

Una filtración puede obligar a levantar parte de una reforma recién terminada, mientras que un revestimiento que ya no te gusta dentro de diez años puede sustituirse sin consecuencias estructurales.

También resulta práctico escoger materiales fáciles de limpiar. Las superficies excesivamente delicadas o las juntas muy numerosas pueden quedar estupendas el primer día y exigir bastante mantenimiento después.

Aprovecha la reforma para mejorar la iluminación natural

No podemos cambiar la orientación de una vivienda, pero sí podemos hacer muchas cosas para que la luz circule mejor por ella.

Los colores claros ayudan, aunque pintar todas las paredes de blanco no es la única solución. Las puertas acristaladas, los cerramientos interiores de vidrio, los espejos bien colocados y una distribución que evite muebles altos delante de las ventanas pueden marcar una diferencia enorme.

También conviene observar qué ocurre con la luz a distintas horas del día antes de decidir la distribución definitiva.

Un rincón que parece oscuro durante una visita por la tarde puede recibir una agradable luz por la mañana.

Y una estancia muy luminosa en verano puede necesitar protección solar para resultar confortable durante los meses más calurosos.

Cuando cambies ventanas o cerramientos, no pienses solamente en su aspecto. El aislamiento, el tipo de apertura y la facilidad de mantenimiento son igual de importantes.

El suelo puede dar continuidad a toda la vivienda

Uno de los recursos que mejor funcionan para conseguir que una casa parezca más ordenada es reducir el número de pavimentos diferentes.

Utilizar un mismo suelo en salón, pasillo y dormitorios aporta continuidad visual y hace que las estancias parezcan estar mejor conectadas. En viviendas pequeñas se nota especialmente.

Esto no significa que haya que colocar exactamente el mismo material en todas partes. Cocina, baños, terrazas o zonas expuestas al agua pueden necesitar soluciones con prestaciones distintas.

Lo interesante es buscar acabados que mantengan cierta relación entre ellos.

Los porcelánicos que imitan madera, por ejemplo, permiten conservar una estética cálida en zonas donde se busca mayor resistencia al agua.

También existen pavimentos continuos y piezas de gran formato que reducen visualmente la cantidad de juntas.

Antes de decidirte únicamente por una fotografía, intenta ver una muestra física. Los colores y las texturas cambian bastante dependiendo de la iluminación, y un suelo ocupa una superficie demasiado grande como para elegirlo a ciegas.

Planifica el almacenaje antes de comprar muebles

Una reforma es un buen momento para solucionar de una vez el problema del almacenaje.

Los armarios realizados de suelo a techo aprovechan mejor la altura y evitan esos espacios superiores donde acaba acumulándose polvo.

En un pasillo ancho puede estudiarse un frente poco profundo, mientras que un hueco bajo una escalera puede convertirse en una zona de almacenaje mucho más útil de lo que parece.

Los muebles a medida son especialmente interesantes cuando la vivienda tiene pilares, paredes irregulares o rincones difíciles de aprovechar con mobiliario convencional.

Eso sí, tampoco hace falta llenar cada hueco disponible. Una casa necesita lugares vacíos para respirar.

Si todas las paredes terminan ocupadas por armarios, estanterías y muebles, la reforma puede conseguir justo el efecto contrario al que buscabas.

Hay decisiones poco visibles que conviene tomar durante la obra

Cuando las paredes están abiertas es el momento de pensar en cuestiones que después serán mucho más difíciles de modificar.

Por ejemplo, ¿tienes suficientes enchufes junto a la cama? ¿Dónde cargarás el aspirador sin cable? ¿Hay una toma de corriente cerca del sofá? ¿Necesitas conexión de red en alguna habitación? ¿Dónde colocarás el router?

Son preguntas bastante sencillas, pero resolverlas durante la obra puede ahorrarte después alargadores, cables a la vista o soluciones improvisadas.

Lo mismo ocurre con la climatización, la calefacción y algunos elementos de domótica.

No hace falta convertir la vivienda en una casa completamente automatizada. Aun así, determinadas soluciones pueden resultar útiles.

Persianas motorizadas en ventanales grandes, termostatos programables o una iluminación exterior que pueda controlarse de forma sencilla son mejoras que conviene valorar antes de cerrar paredes y techos.

Reserva una parte del presupuesto para lo que no se ve

Es normal ilusionarse más con la encimera de la cocina que con unas tuberías nuevas, pero en una vivienda antigua probablemente tenga más sentido dedicar primero el dinero a revisar instalaciones.

Electricidad, fontanería, aislamiento, ventanas o posibles problemas de humedad deberían estudiarse antes de invertir en acabados costosos.

Además, conviene guardar cierto margen económico para los imprevistos. Al levantar un suelo o abrir una pared pueden aparecer problemas que no eran visibles durante la primera visita.

Esto no significa que todas las reformas vayan a complicarse, pero disponer de ese pequeño colchón permite tomar decisiones con más tranquilidad si aparece algún trabajo adicional.

Quizá este sea uno de los puntos que más merece la pena recordar.

Una reforma puede modernizar una vivienda sin borrar todo lo que le daba personalidad.

Un suelo hidráulico recuperable, unas puertas antiguas de madera, una pared de ladrillo o incluso determinados muebles pueden convivir perfectamente con elementos nuevos.

De hecho, conservar algunas piezas suele dar como resultado interiores mucho más personales.

Cuando todo se compra al mismo tiempo, en la misma gama cromática y siguiendo exactamente una tendencia, existe el riesgo de que la casa resulte demasiado impersonal.

Introducir muebles heredados, fotografías, libros, cerámica, textiles o piezas adquiridas poco a poco ayuda a que el espacio tenga una historia propia.

La obra debería proporcionar una buena base: una distribución cómoda, instalaciones en condiciones, materiales resistentes y una iluminación bien pensada. La personalidad puede llegar después, sin prisas.

Una buena reforma debería hacerte la vida un poco más fácil

El resultado de una reforma se aprecia en las fotografías, pero su verdadero examen comienza cuando vuelves a utilizar la vivienda todos los días.

Si puedes guardar las cosas con facilidad, cocinar sin obstáculos, moverte cómodamente entre las estancias y mantener la casa sin dedicar demasiado esfuerzo, muchas decisiones se habrán tomado correctamente.

Por eso, antes de obsesionarte con una tendencia concreta, piensa en tus rutinas. Las modas cambian bastante rápido; una distribución cómoda, una buena entrada de luz y unos materiales adecuados para el uso que van a recibir envejecen mucho mejor.

Al final, las viviendas que mejor funcionan no siempre son las que tienen más metros ni las que incorporan los acabados más caros. Son aquellas en las que cada decisión tiene sentido para las personas que van a vivirlas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir