Tarima de madera alrededor de la piscina: qué madera aguanta el cloro y la humedad

Rodear una piscina con madera cambia por completo la percepción del espacio. Frente a materiales más fríos como la piedra o determinados pavimentos cerámicos, una tarima aporta calidez, conecta visualmente la piscina con el jardín y ayuda a crear una zona exterior mucho más agradable.

Tarima de madera para piscina de acacia junto al agua y al jardín

Sin embargo, elegirla únicamente por su aspecto puede ser un error: pocas zonas de la casa someten a un pavimento a condiciones tan exigentes como el perímetro de una piscina.

Agua frecuente, humedad, exposición directa al sol y salpicaduras con cloro o sal forman parte del día a día.

Por eso, antes de decidirte por una tarima de madera para piscina, conviene fijarse tanto en las características naturales de la especie como en el diseño y la instalación.

En el caso de la acacia o robinia, utilizada entre otras soluciones por Aroacacia, especialistas en soluciones de madera de acacia, una de las características más interesantes es precisamente su elevada durabilidad natural frente a la intemperie.

Índice
  1. Qué debe soportar una tarima situada junto a una piscina
  2. Maderas tropicales: resistencia con algunos condicionantes
  3. Madera tratada en autoclave: una alternativa habitual
  4. Composite: práctico, aunque no es madera natural
  5. Acacia o robinia: resistencia natural para exteriores
  6. Una buena madera necesita también una buena instalación
  7. ¿La madera alrededor de la piscina resbala?
  8. Cómo envejece el color de la madera
  9. Una elección que debe hacerse pensando a largo plazo

Qué debe soportar una tarima situada junto a una piscina

El primer condicionante es evidente: el agua. Aunque la tarima no esté sumergida, durante los meses de uso recibirá salpicaduras constantemente.

A esto hay que añadir el agua que queda en los pies al salir de la piscina, la lluvia y, dependiendo del diseño, la humedad procedente del propio terreno.

Esto hace especialmente importante utilizar un material adecuado para exterior y evitar que el agua quede retenida durante mucho tiempo bajo las tablas.

También están el cloro de las piscinas convencionales o la sal presente en los sistemas de cloración salina.

Las cantidades que llegan al pavimento mediante salpicaduras son pequeñas, pero la exposición se repite durante toda la temporada.

Una madera resistente y una instalación que facilite el secado tendrán mejores condiciones para afrontar este ambiente.

El sol supone otra prueba. Una tarima junto a la piscina puede recibir radiación directa durante muchas horas, lo que influye tanto en la temperatura superficial como en el aspecto de la madera.

Con el paso del tiempo, la exposición a los rayos UV modifica el tono original si no se aplican productos destinados a conservarlo.

Además, no hay que olvidar que se trata de una superficie sobre la que caminarás frecuentemente descalzo y con los pies mojados.

El acabado, la estabilidad de las tablas y la ausencia de astillas o irregularidades son, por tanto, tan importantes como la estética.

Maderas tropicales: resistencia con algunos condicionantes

Durante años, determinadas especies tropicales han sido una elección habitual para terrazas y piscinas debido a su dureza y resistencia natural en exteriores.

Tipos de madera para tarima de piscina: acacia, tropical y tratada

Algunas poseen una elevada densidad y pueden ofrecer una vida útil prolongada cuando están correctamente instaladas.

Su principal inconveniente suele encontrarse en el origen y la disponibilidad de la madera. Si eliges esta alternativa, merece la pena prestar atención a la trazabilidad y a las certificaciones forestales que permitan conocer su procedencia.

También son maderas que, debido a su densidad, pueden requerir herramientas, tornillería y técnicas de instalación adecuadas.

Como ocurre con cualquier madera natural expuesta al sol, su tonalidad evolucionará si no se mantiene periódicamente el acabado superficial.

Madera tratada en autoclave: una alternativa habitual

Otra posibilidad es utilizar especies de madera cuya resistencia al exterior se mejora mediante un tratamiento protector en autoclave.

Es frecuente encontrar este sistema, por ejemplo, en determinadas maderas de coníferas destinadas a jardines, vallados, estructuras y terrazas.

Su ventaja es que permite utilizar una madera que originalmente tendría una durabilidad exterior más limitada después de haber sido tratada para mejorar su comportamiento frente a determinados agentes biológicos.

Ahora bien, conviene distinguir entre la resistencia que aporta el tratamiento y las características propias de la madera.

La dureza superficial, la estabilidad o la aparición de pequeñas fisuras dependen también de la especie, la calidad de las piezas y las condiciones de exposición.

En una piscina, además, el mantenimiento no desaparece por el hecho de utilizar madera tratada.

El sol y el uso continuado siguen actuando sobre la superficie, por lo que puede ser necesario realizar limpiezas periódicas y renovar el acabado cuando se quiera conservar su aspecto original.

Composite: práctico, aunque no es madera natural

La tarima de composite se incluye con frecuencia en la comparación porque imita visualmente a la madera, aunque en realidad se trata de un material compuesto cuya formulación puede combinar fibras y polímeros en diferentes proporciones.

Una de sus ventajas es que ofrece una apariencia bastante uniforme y no requiere exactamente el mismo mantenimiento estético que una madera natural. Tampoco presenta la evolución visual propia de las vetas y tonalidades de una tabla de madera.

A cambio, el resultado al tacto y a la vista es distinto. La temperatura superficial también debe valorarse especialmente en una zona donde se camina descalzo, sobre todo cuando se eligen colores muy oscuros expuestos durante horas al sol.

Por eso no existe una solución universalmente mejor: dependerá de si priorizas la naturalidad y evolución del material o buscas principalmente uniformidad y un mantenimiento reducido.

Acacia o robinia: resistencia natural para exteriores

La acacia, conocida también como robinia o pseudoacacia, resulta especialmente interesante cuando buscas madera natural para un ambiente expuesto a humedad y cambios meteorológicos.

Se caracteriza por su dureza, resistencia al agua y elevada durabilidad natural. La información técnica publicada por el fabricante indica incluso una durabilidad natural clase 1-2 según la norma EN 350.

Esta característica permite utilizarla en aplicaciones exteriores sin depender necesariamente de tratamientos químicos destinados a conseguir la durabilidad de la propia madera.

La información disponible sobre este material señala, además, su resistencia frente a humedad, insectos y hongos, así como una vida útil prolongada incluso sin tratamientos especiales.

Para una piscina, esto tiene una consecuencia práctica importante: la resistencia no depende exclusivamente de mantener intacta una capa protectora aplicada sobre la superficie.

A ello se suma la estética. La robinia presenta vetas visibles y variaciones naturales de color, con tonos que pueden ir desde marrones dorados hasta matices más oscuros o rojizos.

Es precisamente esa irregularidad la que hace que una tarima de madera natural se integre especialmente bien en jardines, piscinas y terrazas.

Una buena madera necesita también una buena instalación

Elegir una especie resistente no sirve de mucho si la tarima queda instalada de forma que acumule agua permanentemente.

Debajo de las tablas debe existir espacio suficiente para que circule el aire. Esta ventilación facilita el secado después de la lluvia, del riego o de una jornada de piscina y evita crear un ambiente constantemente saturado de humedad.

Instalación de tarima de madera para piscina con ventilación y drenaje

La base también debe permitir evacuar el agua. No conviene que aparezcan zonas en las que se formen charcos debajo de la tarima, especialmente si permanecen durante días.

Una ligera pendiente y un sistema de drenaje correctamente planteado ayudan a evitar este problema.

También hay que respetar la separación adecuada entre tablas. La madera es un material natural y sus dimensiones pueden variar ligeramente en función de la humedad ambiental, por lo que necesita margen para esos movimientos. Al mismo tiempo, las juntas permiten que el agua superficial encuentre una salida rápida.

La estructura inferior, los sistemas de fijación y la tornillería deben estar igualmente preparados para exterior.

En un entorno húmedo y próximo a una piscina, todos los componentes del conjunto son importantes.

¿La madera alrededor de la piscina resbala?

La seguridad es otro aspecto que debes tener en cuenta. Cualquier pavimento mojado puede resultar más deslizante, independientemente del material, por lo que el acabado superficial y la limpieza tienen mucha importancia.

Tarima de madera para piscina húmeda con acabado antideslizante y limpieza

En el caso de una tarima exterior, conviene mantener las tablas libres de restos orgánicos, suciedad o verdín. Una superficie que permanece húmeda y sin limpiar puede volverse más resbaladiza con el tiempo.

También resulta recomendable evitar acabados excesivamente pulidos cuando la tarima se utilizará alrededor de una piscina y revisar periódicamente el estado de las tablas para detectar posibles desperfectos.

Cómo envejece el color de la madera

Uno de los cambios que más sorprende cuando se instala una tarima de madera natural en exterior es la evolución del color. No significa necesariamente que la madera se esté deteriorando.

La exposición continuada al sol hace que el tono original vaya perdiendo intensidad y tienda progresivamente hacia una tonalidad grisácea o plateada. Es un proceso superficial habitual en maderas situadas a la intemperie.

Aquí tienes dos posibilidades. Puedes aceptar este envejecimiento como parte de la estética natural del material o mantener el tono original mediante productos específicos para exterior.

Si prefieres conservar los tonos cálidos, necesitarás realizar un mantenimiento periódico cuyo intervalo dependerá de la orientación, la intensidad del sol y las condiciones climáticas de la zona.

Si, por el contrario, te gusta el aspecto gris que adquiere la madera con el tiempo, puedes dejar que evolucione de manera natural, manteniendo las rutinas necesarias de limpieza y revisión.

Es importante distinguir entre mantenimiento estético y durabilidad. En una madera con buena resistencia natural, aplicar un acabado puede responder principalmente al deseo de conservar su color y aspecto original, no necesariamente a la necesidad de protegerla para que pueda permanecer en exterior.

Una elección que debe hacerse pensando a largo plazo

La tarima que rodea una piscina tiene que responder a más factores que el diseño. Humedad, sol, salpicaduras, cambios de temperatura y tránsito constante hacen que sea fundamental valorar la durabilidad del material, pero también cómo se instalará y cuánto mantenimiento estás dispuesto a realizar.

Las maderas tropicales ofrecen buenas prestaciones en exterior; las tratadas en autoclave consiguen mejorar la resistencia de especies menos duraderas; el composite puede resultar interesante si buscas homogeneidad y menor mantenimiento estético; y la acacia o robinia destaca porque combina el aspecto de una madera natural con una elevada resistencia propia frente a la intemperie.

Sea cual sea tu elección, una tarima bien ventilada, con buen drenaje y correctamente instalada tendrá muchas más posibilidades de mantenerse en buenas condiciones. Porque alrededor de una piscina no basta con elegir una madera bonita: debe estar preparada para convivir durante años con agua, humedad y sol.

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