Cuantas veces habremos soñado con una de esas bonitas, sensuales y apetecibles camas redondas. Sus formas parecen hipnotizar; y es que cuando en una estancia hay una cama redonda, el centro de todas las miradas es ella, ya nada importa.
Lo cierto es que aunque todo el mundo queda enamorado de estos diseños, muchos piensan que son poco prácticas e incluso un tanto horteras. Bueno. Sin meternos en el terreno pantanoso de los gustos personales, hay que decir que elegancia aportan. Simplemente hay que saber colocarla y vestirla, pues la vulgaridad reside más en los componentes que se le quieran añadir que a la forma redonda en sí.
Aun así, hay que tener en cuenta una serie de cosas. Por ejemplo, y aunque parezca evidente, el espacio. Está claro que una cama redonda necesita espacio, ya no por el que ocupa, más bien por el que no ocupa; y es que al poner una cama redonda, la habitación se centrará en ella. Aunque esta quepa, si el espacio es pequeño, sentiremos sensación de claustrofobia. Si por el contrario, nos encontramos un dormitorio amplio, el elemento encajará como la última pieza del puzle.
¿Son cómodas? SÍ. Son muy cómodas, pues estas camas están realizadas exactamente igual que el resto de camas del mercado. Es decir, que si queremos que sea de muelles, preferimos que sea de látex o viscoelastica no tendremos problema alguno. Eso sí, primero tumbaros para ver qué medida aproximada necesitamos.
En cuanto a la decoración de la habitación y la cama en sí, hay que destacar que como mejor visten es con un ambiente sin muchos adornos. Una habitación sin demasiados muebles, con pinceladas modernistas, sería ideal para esta cama. Eso sí, a la hora de vestirla no escatimemos en cojines, cuanto más sean más bonita se verá.
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