La gama de los azules (celestes, aguamarina…) ayudan a que sintamos paz en casa; son colores que nos recuerdan al mar, a las vacaciones, al cielo y que a simple vista parecen fáciles de combinar. Sin embargo al decorar con azules el problema llega cuando no queremos convertir nuestro hogar en una especie de acuario. Hay que ser comedidos, y para ello, nada mejor  que seguir nuestras ideas.

La clave está en colocar los azules en sitios clave. En un salón de paredes blancas las miradas se van siempre a los muebles y lo más importante que tenemos en el salón es nuestro sofá, así que en este caso, nada mejor que poner el punto de color en él (o ellos).

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